¿Truco o trato?

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Leyendo una entrada –con la que coincido al 100%- de otro blog sobre este tema, llegué al conclusión de que yo también quería compartir un poco mis vivencias del día de Halloween, fiesta que no me hacía ninguna ilusión hasta que hace dos o tres años cuando durante la noche de Halloween alguien llamó a mi puerta a las 12 de la madrugada. ¿Adivinan quién? La verdad es que me hizo mucha ilusión ver las caritas expectantes de los niños a ver que sacaba. En ese momento me pillaron desprevenido y no tenía más que pipas, pero el que da lo que tiene…

Este lunes llevé a la oficina el kilo de golosinas (Chupachups, piruletas y caramelos) que había comprado para Halloween. Como un niño con zapatazos nuevos me aprovisioné unos días antes, esperando que en la noche de Halloween, llamaran a mi puerta un convoy de niños disfrazados y me hicieran la típica pregunta.

Pero me surgió un compromiso en esa noche salí y al no estar en casa… Pueden creerme si les digo que esa noche no me hubiera disgustado en absoluto quedarme en casa… Es más lleve conmigo mi alijo de caramelos por si llamaban niños a la puerta de la casa donde iba a cenar. Alguno de mis amigos me preguntó si no era ya un poquito mayor para tales niñerías, pero lo cierto es que al nacer mi hija, fui consciente de que algún día seré yo el que tenga que acompañarla a pedir caramelos.

Mucha gente, -sobre todo los más religiosos-, protestan alegando que es invento extranjero, una fiesta importada, una americanada. Eso es más que evidente, no obstante, es perfectamente compatible ir a ver a tus difuntos después de una noche de disfraces con los niños. Las fiestas católicas con la honrosa excepción de La Navidad, siempre han sido un aburrimiento. La iglesia no es nada gráfica y nunca ha sabido de marketing, por lo que se ha quedado bastante anticuada.

Los americanos que son como niños grandes, tomaron una fiesta católica el día de los difuntos, y la convirtieron en una fiesta agradable, divertida y simpática para todo el mundo independientemente de su edad. Ya sea uno niño, adolescente, de mediana edad o incluso anciano puede participar. Además no debemos olvidar que es una gran oportunidad de compartir actividades con nuestros hijos.

Esta fiesta es perfectamente compatible con nuestra tradición y nuestras creencias, por ese motivo no veo con malos ojos su adopción por nuestra parte.

¡Pueden Llamarlo globalización!

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