Afán recaudatorio

Esta semana -el lunes concretamente- he leído un artículo en Internet en el que se decía y cito textualmente: “La semana pasada, con motivo de una reunión del Foro Nueva Economía, el Director General de Tráfico dejó muy claro que su interés prioritario es hacer rentables las inversiones de su departamento. Rentables única y exclusivamente en términos de dinero recaudado y no desde un punto de vista mucho más abierto como puede ser el reducir las víctimas del tráfico, evitar la sangría que para la sociedad supone cada accidente con víctimas”.

Parece ser que para Pere Navarro no tiene sentido poner radares en carreteras de segundo orden donde haya menos de 6.000 vehículos/día, aunque es en esas carreteras es donde se producen casi 3 de cada 4 accidentes con víctimas. Por lo visto, los radares cuestan 70.000 euros de media y suponen una gran inversión  que hay que amortizar -a la mayor brevedad posible-.

Como apunte importante, en este artículo se menciona un dato esclarecedor, y es  que la mayoría de los radares están situados en las autopistas y autovías, -todos los que están fuera de las ciudades me atrevería a decir-, a pesar de que es este tipo de vías se producen menos del 10% de los accidentes.

Algo parecido a lo que ocurre con las carreteras sucede dentro de las ciudades, donde los radares suelen estar situados en las calles más anchas y más seguras. Y muchas veces me da la impresión de que el límite de velocidad se reduce de 50 Km/h a 40 Km/h o incluso a 30 Km/h con el único fin de poner multas por exceso de velocidad.

El mismo lunes, por pura causalidad, me enteré que Perico Delgado que ejercía representante de los ciclistas ante la Dirección General de Tráfico en nuestro país “después de pensarlo mucho” ha renunciado a su cargo, principalmente por la falta de colaboración por parte de la dirección general de seguridad vial y el exceso de normativas que parecen estar más encaminadas a la recaudación de impuestos (que incluso posibilitan retirada puntos de su carnet de conducir) y a sacar bicicletas de las vías públicas que a preocuparse por la seguridad de los ciclistas.

Por todo lo anterior, junto con numerosas noticias que ya tenía anteriormente,  según las cuales tengo entendido que por lo general, los altos mandos de los cuerpos de seguridad del Estado miden la productividad de sus subordinados los agentes encargados del tráfico (ya sea policía municipal o guardia civil) con arreglo a las multas que imparten. No puedo más que llegar a la conclusión que la Dirección General de Tráfico se ha convertido en una suerte de empresa cuyo fin último es el de recaudar más impuestos, relegando a un segundo plano temas tan importantes como la seguridad vial y -por que no decirlo- la ecología.

Fuentes:

Burbuja de los radares

Web oficial de Pedro Delgado

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