300.000 esclavos

El otro día entre toda la montaña de malas noticias económicas, hubo una que me dejo especialmente consternado, según la cual el número de personas que han perdido su vivienda y esto no ha bastado para saldar su deuda con el banco, alcanza ya las 300.000 personas.

Estas personas, a pesar de haber perdido su vivienda tendrán que seguir haciendo frente a una hipoteca y sus intereses. Imagino que los bancos seguramente los bancos por vía ejecutiva, se cobrarán mensualmente todo lo que exceda del sueldo base. Lo que sin duda provocará que estos deudores, tengan que vivir forzosamente con -digamos- 900€ mensuales y no puedan permitirse muchos lujos. Pienso que si quieren vivir con mayor holgura, esta gente se verá abocada a buscarse chanchullos (o bien trabajar a jornada completa) en la economía sumergida y que además difícilmente podrán acceder a una vivienda en propiedad, ni a nada que requiera financiación, sin antes haber saldado su deuda.

Resumiendo, mucho me temo, que en España hemos creado una nueva clase social, que me ha dado por denominar esclavos de 900 euros. ¡Y ya son 300.000 personas!

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3 Respuestas a “300.000 esclavos

  1. Las deudas hipotecarias como las que menciona marcan de por vida a la persona que las sufre (responde con sus bienes pasados, presentes y futuros). Creo que ya no es como en la Inglaterra victoriana en la que las deudas se heredaban de padres a hijos. La muerte Sí es el final… de la hipoteca.

  2. Siempre he defendido que cada uno ha de ser responsable de las consecuencias de las decisiones que toma. En estos años mucha gente se creyó rica y abordó gastos que no podía pagar. No omito la responsabilidad de las entidades financieras a la hora de conceder créditos a quienes no podían devolverlos, pero eso no exime de la responsabilidad propia de cada cual para sopesar los riesgos de una operación de compra por encima de las posibilidades reales.

    Ahora vienen los llantos, pero no olvidemos que una de las principales causas de la inmensa burbuja que sufrimos es precisamente los miles, millones de ilusos que con sus decisiones de compra contribuyeron a inflar el mercado, dejando fuera del mismo a quienes sí fueron más sensatos a la hora de acometer la compra de una vivienda.

    Son víctimas, pero también culpables. En el pecado llevan la penitencia.

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