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Caperucito Rojo

Érase una vez un joven metrosexual de esos que siempre va en bicicleta por la ciudad (por el carril bici). Siempre llevaba una anorak rojo de esos con capucha y por eso sus colegas del insti lo llamaban Caperucito Rojo.

Un día su madre le pidió que llevase unos papeles a su abuelo (las recetas para que su abuelo sacase gratis los medicamentos en la Seguridad Social), recomendándole que no se entretuviese por el camino, pues cruzar la ciudad era muy peligroso y siempre había muchas lobas acechando por ahí.

El joven recogió los papeles, descandó la bici, montó la rueda de su bicicleta, se encasquetó su gorra roja y se puso en camino. Tenía que atravesar la ciudad, pero no tenía miedo, por que había mucho tramo de carril bici además si se encontraba en apuros siempre podría mandar SMS  a cualquiera de sus colegas con buga para que fueran a recogerle.

De repente vio una loba de su insti que estaba más buena que un queso. -a donde vas tío- pregunto la loba con voz seductora.

A casa de mi abuelo- respondió el joven.

¿Quieres que te acerque y luego nos tomamos unas birras?- la loba pretendía ligar con él. Pero el muchacho o era muy güay o no se enteraba del tema. – No tía no voy a dejar mi bici aquí, si quieres nos vemos en casa de mi abuelo y en le garito de abajo nos fumamos unos petas.

Pues así quedamos- dijo la loba…

Caperucito vio unos colegas y paró a charrar con ellos, se fumaron unos petas y les contó lo de la loba que si era una pesada, que si era una empollona, que si no fumaba porros, que si era una pringada, que si estaba en celo, que si tal, que si cual. Se echó unas risas con sus colegas Ji Ji, Ja Ja…

Mientras tanto, la loba fue a casa de su abuelito, llamó suavemente a la puerta y el abuelo que aún estaba de muy buen ver le abrió la puerta. -Hola, he quedado con su nieto aquí ¿le importaría dejarme entrar? El abuelo miró de arriba a bajo a la esbelta joven y la dejo pasar.

Mientras esperaban a Caperucito la joven le explico lo que había pasado y el abuelo atónito negaba con la cabeza. -¡Mi nieto es un gilipollas! -exclamo-. Si en mis tiempos, un bombón como tu hubiera ido detrás de mi. no la hubiera dejado escapar. Una mujer tan guapa elegante y seductora como tú y mi nieto seguro que anda por ahí haciendo el idiota con los amigos del instituto.

La joven , que no estaba acostumbrada a que le hablaran con tanta educación y caballerosidad quedó seducida por las palabras del viejo y a medida que este hablaba se iba quedando prendada de sus palabras y se imaginaba come sería hacer el amor con un viejo. este no estaba tan mal y se notaba que en otros tiempos había sido un apuesto galán.

No se lo pensó dos veces. Se desabotonó la blusa y dijo hazme el amor. El viejo y la joven estaban metidos en faena, cuando de repente alguien aporreó. ¡Era Caperucito!

Abuelito, abuelito ¡Tienes las pupilas dilatadas! -estaba en la cama- dijo el abuelo.

Abuelito, abuelito ¡Vas descamisado y en calzoncillos! – te he dicho que estaba en la cama. Dame los papeles y pírate ¡Gilipollas!

FIN
¿Les ha gustado el cuento? Desde luego no es el cuento que yo elegiría para contarle a mi sobrina de 5 años… Pero por lo visto se está poniendo de moda ser soez y manipular y mancillar hasta los cuentos populares…

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